Autor Tema: Surfejar és un privilegi  (Leído 1215 veces)

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Surfejar és un privilegi
« en: Octubre 27, 2015, 07:41:29 »
http://www.surfcatalunya.cat/2015/10/27/surfear-es-un-privilegio/

[Amb tants dies de calma, segur que trobeu uns minuts per llegir aquest text del nostre amic Joan, escrit per a
SurfCatalunya.cat  ]

Surfear es un privilegio. Deslizarse con mayor o menor gracia sobre una onda de energía que se desplaza a través del mar es una de las actividades más relajantes, emocionantes y adictivas que hay. Pero para ello se necesitan otros privilegios que no están repartidos por igual en una sociedad como la actual. Surfear es un privilegio, sí, pero poder surfear también lo es: es la suma de varios privilegios. En este artículo lanzo un par de hipótesis acerca de cómo una actividad de ocio como el surf, lejos de su aura de rebeldía y comunión con la naturaleza, reproduce exactamente las situaciones de injusticia económica, racial y sexual que se viven de modo generalizado en nuestra sociedad. Es una opinión individual y discutible, lo sé.

 

1.- Economía y surf

Si hacemos una breve recapitulación de lo que se necesita para surfear (y hablamos del surf con tabla, obviando las diferencias mínimas entre boogies, SUPs, etc. y dejando de lado el bodysurfing) tenemos que el equipo mínimo consta de:

Una tabla en más o menos buenas condiciones,
Bañador (o neopreno en la zonas en que sólo hay olas en invierno),
Un acceso a la playa o un vehículo en el que poder acceder (y dejar las cosas)
La cosa no se detiene aquí. El equipo básico puede resultar más o menos barato una vez que la persona ha pasado el umbral de ingresos necesarios para la supervivencia. Pero el tercer requisito ya es un poco más difícil: o se vive junto al mar o se precisa un medio para llegar a él, y si es en invierno, o en días de lluvia, o hay que dejar las cosas mientras se está en el mar, o sencillamente se quiere poder elegir más de un spot, ese vehículo significa, como mínimo, un utilitario. Un utilitario implica una edad mínima para conducirlo, un seguro, dinero para gasolina, impuestos…

Estamos en el caso mínimo, o si se prefiere, minimalista. Un servidor ha surfeado en esas condiciones durante años sin problemas. Pero un servidor de ustedes tenía unos ingresos más o menos fijos. Estudios. Clientes. Para poder surfear se necesita todo eso. Porque un elemento que no he incluido en la lista anterior, pero que resulta mucho más importante que todos ellos, es

Tiempo libre.
Y tiempo libre, de ocio, sólo se consigue cuando hay ingresos más o menos fijos y un horario más o menos flexible, o al menos no asfixiante (o se está en el paro, una situación que no suele durar mucho tiempo al acabarse el subsidio o encontrarse un nuevo trabajo).

Cuando se sobrevive, no hay tiempo para nada que no sea sobrevivir, mucho menos surfear.

 

2.- Competitividad, democracia y olas

El surf ha estado desde sus inicios rodeado de privilegios de clase, de sexo y de raza. Es el resultado, en realidad, de todos esos privilegios, y éstos no parecen querer desprenderse de él y hacer de esta actividad algo más democrático y abierto. Más bien al contrario: como veremos, la corriente mayoritaria del surf actual (la que lo considera un deporte, asimilable al fútbol, el vóleibol o la F-1) desprende una imagen que tan sólo refuerza los privilegios de clase, raza y sexo y plantea una falsa democratización de la actividad mediante la producción en masa y la alienación colectiva mediante la publicidad. El surf sigue siendo, para esta corriente principal, un deporte de hombres blancos, es decir: un privilegio de unos pocos. Que se disfrace, a veces, de ecologista o presuma de aceptar a todo el mundo se puede considerar el mismo tipo de lavado de cara que la derecha ha realizado para entrar en el juego democrático. El núcleo no deja de ser el mismo, pero se vende una imagen más amable.

Los orígenes del surf siguen discutidos, tanto en cuanto a localización física como en cuanto a la época. Frente a quienes aseguran que nació en Hawai están quienes afirman que lo hizo en Perú, y una tercera corriente asegura que nace en la Polinesia y se traslada a ambas localizaciones arriba mencionadas.

Si la tradición se remonta a Huanchaco y los caballitos de totora, podríamos decir que el surf tiene orígenes más o menos democráticos: se trataba de útiles de los pescadores mochicas con los que, además, pasar un buen rato. Si la tradición se remontara, en cambio, a Hawai, tendríamos ya desde sus inicios una actividad compartimentada jerárquicamente, marcada por la estratificación social (pero igualitaria en cuanto a sexo). En cualquiera de ambos casos, podemos asegurar que el surf no tiene su origen en los hombres blancos, principales beneficiarios actuales.

Con la llegada de los misioneros blancos calvinistas al archipiélago de Hawai, en realidad, el surf sufre su primer gran parón, uno que está a punto de hacerlo desaparecer. Son años de surfing clandestino (léase, por aquel entonces, ilegal) los que salvan la tradición isleña. Para cuando Jack London descubre lo que es cabalgar las olas (y London era un hombre blanco especialmente liberal), el surf llevaba ya bastante tiempo como pasatiempo furtivo de los nativos y de algunos colonos.

 

3.- Privilegios de raza y sexo, o cómo adoptar el lenguaje del amo blanco

Lo que marca la muerte y el renacer del surfing en Hawai es la moral del amo blanco. Si con la llegada de los misioneros triunfa la versión calvinista (oscura, tiránica) del cristianismo, dos siglos después es el capitalismo colonial luterano el que ha acabado dominando Estados Unidos, y sus requerimientos sociales son bastante menos estrictos que los del calvinismo. Se ha puesto de moda todo lo oriental y lo exótico, y el surf encaja perfectamente en esta nueva concepción. Poco a poco, cada vez más blancos comienzan a probarlo: la difusión de fotografías del monarca británico Eduardo VIII surfeando, en la década de 1920, fue una implícita aceptación de que los blancos podían dedicarse a ello sin ser mal vistos. Todos conocemos la historia posterior: Duke Kahanamoku, Tom Blake, la quilla, etcétera. El surf despegaba, pero lo hacía sobre todo en América, y de la mano del hombre blanco.

No es necesario, creo, a estas alturas, hablar de la obsesión racial que se vive en Estados Unidos. Aunque desde Europa nos parece extraña, e incluso fuera de época, lo cierto es que en Estados Unidos ser blanco implica poseer ciertos privilegios, como menores probabilidades de que la policía te mate a tiros por no llevar carnet de conducir, mayores posibilidades de acceso a educación o sencillamente poder caminar por la calle sin ser sospechoso. Si además eres hombre, tienes menos probabilidades de sufrir violaciones, violencia estructural social y violencia doméstica. Esto último también se da en Europa, o allá donde haya hombres y mujeres. Pero, sobre todo, ser hombre y blanco implica privilegios que se materializan en sueldos más altos, corporativismo de género, acceso a más y mejor información y la entrada en el círculo de las relaciones públicas con mucha mayor facilidad: si eres negro (o de cualquier raza o etnia no caucásica) se esperará de ti que adoptes lenguaje y modales de la raza blanca, para demostrar lo «civilizado» que eres. Si eres mujer, se esperará de ti que seas «tan dura como los hombres» o que seas mujer florero y no te importe que se te juzgue por tu físico en lugar de por tus capacidades (o sencillamente por ser humana).

El surf no es muy diferente.

En todos los años que llevo surfeando no he visto jamás un solo surfista negro en la élite de la versión deportiva del surf (la WCT o WSL, como se le quiera llamar). Ni negro, ni de ninguna raza no caucásica. Incluso si me equivoco, seamos realistas: una o dos personas no blancas, siquiera diez, en todos estos años, no marcan, precisamente, una tendencia a la igualdad en la élite del surf deportivo. Y ¿acaso no surfean los negros?

Mucho. Muchísimo. En África y Latinoamérica, sobre todo Brasil, surfean tanto como los blancos. Dentro de sus posibilidades, claro: en África hay que superar el umbral de supervivencia y, últimamente, en algunos lugares, hay que superar prejuicios religiosos. Pero se surfea. Incluso sobre cortezas de árbol. En Cuba se ha surfeado sobre maderas, planchas de poliuretano de embalaje e incluso puertas de neveras, debido al bloqueo al que el Gran Hermano sometió al régimen de Castro. Pero se ha surfeado. En Brasil cada vez son más los niños negros o mulatos que surfean las magníficas olas de ese increíble país, un privilegio antaño reservado a los hijos de los blancos de clase alta. ¿No se cogen olas acaso en Perú, Panamá, Chile, Ecuador…? Muchísimo. Como ya hemos visto, la náutica, incluso la recreativa, forma parte de las ancestrales tradiciones de esas latitudes. Y se surfea, y muchísimo, en lugares como Papúa-Nueva Guinea, Barbados, Jamaica… Marruecos, antaño paraíso del surf de los blancos más aventureros, está viviendo una explosión de talento surfista propio como nunca antes.

Entonces… ¿por qué seguimos asociando el surf a chicos blancos?

 

4.-Las reglas las ponen los chicos

¿Son acaso las mujeres peores surfistas que los hombres? Personalmente tengo la sensación de que es más bien al revés. De que si el surf se tratara de elegancia, estilo, fusión con la ola, glide y todas esas nociones que tanto martillea la publicidad (para poner después un niñato destrozando un perfecto labio con una tablita que parece de skate) las mujeres serían las maestras supremas del surfing.

Pero, oh, casualidad, resulta que los criterios de puntuación del surfing deportivo son los más apropiados para un ejercicio de potencia explosiva. Es decir, para el surfing de los hombres. De las chicas, como decíamos antes, se espera que adopten el lenguaje y modos de los chicos (que surfeen en ejercicio explosivo y «radical») o que se limiten a enseñar el culo en los bottom turns, que eso vende mucho. Pero hay surfistas increíbles: Leah Dawson es la esencia misma de lo que debería ser el surfing: algo divertido y cambiante, ondulante, en perpetua adaptación. Kassia Meador es probablemente el ser humano con más clase y estilo sobre una tabla de surf. Andrea Kabwasa compagina un surfing de estética clásica con una personalidad artística arrolladora. Y podría seguir poniendo ejemplos hasta la saciedad.

 

5.- Los negros no surfean

«Los blancos nunca te dicen nada estúpido, sólo cosas como “¿qué tal las olas? ¿Están bien?”. Son los negros los que te dicen “Los negros no surfean. Tío, ¿qué haces con una tabla de surf? Los negros no surfeamos”».

La cita es de Louis Harris, un surfista negro, incondicional de la neoyorquina Rockaway Beach, famosa por la canción punk-surf de los Ramones. Si bien tiene validez exclusivamente en el contexto estadounidense, sirve para mostrar dos fenómenos:

La percepción del surf como una actividad de blancos, íntimamente ligada al bombardeo publicitario audiovisual, y
La relación de dominio que ejerce la industria audiovisual estadounidense sobre todo el mundo, y que conforma la percepción social de lo que es el surf.
Con respecto al primer fenómeno, hoy en día es más visible que nunca, gracias a la actividad incesante de publicistas y expertos en mercadotecnia que han reducido el surf a un cliché con el que vender desde bonos bancarios a coches. Es ese cliché, que para un grueso de la población es su única referencia del surf, el responsable de la imagen de esta actividad.

Ese cliché es fiel espejo de esas condiciones de privilegio/dominación que hemos visto anteriormente. Una enorme mayoría de anuncios presentan al surfista (hombre, blanco, joven, pinta «californiana») como objeto decorativo o aspiracional. Si quieres ser como él, compra nuestro perfume/bono bancario/crema para las hemorroides. Rara vez el cliché cambia, y cuando lo hace es para jugar con la edad (la locura del abuelo en un anuncio de yogures) o con el sexo. Y cuando es con el sexo, generalmente es para vender algo destinado al público femenino (pienso ahora en un modelo de coche). Nunca un protagonista de otra raza, nunca una surfista en un anuncio con target «neutro». Y esto, como ya hemos visto, pese a que en muchos lugares del mundo la mayoría de surfistas son negros, o, como mínimo, no caucásicos: Japón es un paraíso del surf, especialmente del longboard, pero no he visto en Occidente anuncios con surfistas orientales (menos aún con mujeres surfistas orientales).

Esto se debe a un fenómeno que en comunicación se denomina «colonialismo cultural»: hoy en día el Occidente de los privilegios de raza, clase y sexo, es quien domina culturalmente: el amo que impone su lenguaje. Y dentro de Occidente, es Estados Unidos quien marca la pauta. Es por ello que secciones enteras de surfistas no se ven representadas; incluso sectores enteros de la población creen que el surf es algo que no les incumbe. El surf es de blancos. El surf es de ricos. ¿Por qué? Bueno, ¿has visto alguna vez un anuncio con un negro surfeando? Pues eso. La publicidad crea y/o refuerza estereotipos culturales, irracionales y ubicuos, y perpetúa los privilegios de algunos.

Pero ha habido negros grandiosos en una tabla: en los años 40, Nick Gabaldon, un surfista con un talento enorme, tenía que remar 18 kilómetros, desde la playa segregada de Inkwell hasta el pico de Malibú, para surfear en un ambiente muchas veces hostil. Hostil, al menos, hasta que los surfistas blancos veían lo que era capaz de hacer. En los años 70, Larry Bertlemann o Buttons Kaluhiokalani reclamaban para los hawaianos nativos (a estas alturas, ya tremendamente fusionados con otras etnias, fruto de siglos de mestizaje) la corona que los blancos les habían arrebatado. Y en 1974 un afroamericano de nombre Tony Corley fundaba la Black Surfing Association, que aún hoy en día existe. Ben Aipa hacía las tablas más hermosas del momento y creaba la Sting, la primera single fin de altas prestaciones. Los 70 fueron una época grandiosa porque por vez primera los movimientos por los Derechos Civiles unían bajo un mismo paraguas reivindicativo el feminismo, la igualdad racial y discursos de izquierdas. Tenía sentido ser un Black Panther, ser feminista y anarquista.

Esos tiempos hoy en día han acabado siendo víctimas no de la porra policial, sino del bombardeo mediático de chicos rubios y cachas surfeando olas imposibles. Han acabado con ella los anuncios y vídeos de Alana Blanchard enseñando culo y Anastasia Ashley practicando twerking para «calentar». Han acabado con ella los concursos de olas gigantes y sus baños de testosterona. Las competiciones de la WCT/WSL y los alegres chicos blancos destrozando sus tablas (que en algunas latitudes del mundo serían más que bienvenidas) cuando no les sale ese último cutback. El capitalismo avanzado, neoliberal, en suma.

 

6.- Visibilidad

El surf es más que los que nos venden. No es que no sea un deporte (puede serlo), ni es que no sea un modo de vida (¿puede serlo?). Es que es mucho más que todo eso: mucho más que las fábricas de tablas en serie Made in China, que las ropitas de colores chillones, que las estrellas engreídas y los gurúes “soul surfers”. Mucho más que la música aburrida de Jack Johnson, los divos de Hollywood arruinando su imagen en películas estúpidas o la necesidad de demostrar a todo el pico que uno es el próximo Slater. Mucho más, en suma, que las consecuencias de una publicidad incesante y engañosa. El surf es (puede ser) mucho más.

Concretamente, todo lo que nosotros queramos que sea.

Salud, Olas y Equidad.

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igor

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Re:Surfejar és un privilegi
« Respuesta #1 en: Octubre 28, 2015, 08:53:59 »
ostres!! casi tinc remordiments de que m'agradi el surf!!  ;D  ... no en serio, conyes apart... bona i currada reflexió Joan.
El que a mi em sembla que aquesta "manipulació", "imposició", "invasió" o com li vulguem dir està no només en el surf si no en tots els àmbits. Sinò, de què aquest cap de setmana tindrem canalla picant a la porta de casa dien "truco o trato" i parant la ma??(*)... tinc dos filles a l'institut que sembla que visquin a disneychanel... que si la mas popu, que si el freaki, que si la pareja de baile... ;D
Ja fa un temps vaig decidir que hi ha "trens" que no vull agafar... es el que tu dius: "El surf es (puede ser) mucho más... Concretamente, todo lo que nosotros queramos que sea". I així amb tot el nostre dia a dia.

be, salut!! i avui a l'aigua!! :D


(*) de totes maneres ara se m'acut que papanoel o els reis mags també van ser imposicións no??... serà que m'estic fent gran i ja repapiejo?? m'estarà sortin el rotllo de "abans era diferent"??  ;D

Foro Surfcatalunya

Re:Surfejar és un privilegi
« Respuesta #1 en: Octubre 28, 2015, 08:53:59 »